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El Ferrocarril y la Estación Central

El Ferrocarril y la Estación Central
Pequeña reseña de un Edificio y Servicio emblemático, como lo fué La Estación Central y el Tren de Pasajeros y Carga.

Quienes vivimos ” la otra época” nos cuesta mucho hoy, tener esa visión tan triste y melancólica de nuestra “Estación Central”.

Resalta aún mas viendo a su costado lo que con el correr del tiempo produce la

modernización que en éste caso está pintada por los nuevos accesos de entrada y salida a

la ciudad de Montevideo, amontonando coches, motos, camiones y ómnibus que

circulan vertiginosamente por su doble vía.

Quién podría imaginar tremendo cuadro…? y ya no de mi época, sino de mucho mas

atrás, yo no lo pude ver, fue en época de los Ingleses, cuando la puntualidad y exactitud

en el funcionamiento eran ” al estilo Inglés”, como se decía, el tren salía a las 17.23 hrs. P.M….¡y salía!..o el tren llegaba de Salto a las 21.19 hrs. PM …¡ y llegaba ¡

Pero de todas formas sí disfruté su legado, y que recuerdo muy bien, cuando no

tenía mas de 10 años, o sea que estaríamos ubicándonos por el año 1955, no mas.

Fuera de fechas estratégicas, el movimiento normal en toda esa zona de la

Estación Central era muy importante, cobraba vida por dentro y por fuera, y era a

toda hora. En nuestro caso no era una salida o un paseo común, acercarse a la Estación Central, y menos aún viajar en Tren.

Recuerdo que solamente ese tipo de eventos nos congregaba a la familia, cuando iba de

descanso al Parque de Vacaciones de la U.T.E., y ya se programaba de un año para

el otro, porque tenía siempre una gran demanda, dado el tema de las licencias y el

volumen de funcionarios. Ejemplo casi único de poder haber logrado con el esfuerzo de sus trabajadores unidos, una obra que hoy día, estoy seguro no tiene igual, tanto por su permanencia en el tiempo, por su riqueza edilicia enclavado en los Cerros Minuanos, su organización y siempre modernizadas instalaciones, brindando una fuente de trabajo muy importante para el Dpto., fundamentalmente para su capital la Ciudad de Minas.

Las Empresas de Omnibus Interdepartamentales fueron poco a poco conectando

los distintos puntos del interior del País, avanzando en las distancias, y a medida que

las carreteras fueron mejorando, fueron uniendo las capitales y pueblos sumamente

alejados, que dependían solamente del Ferrocarril, esto también no ayudó al Tren. El movimiento de coches particulares y taxis que llegaban de continuo, como así mismo

quienes llegaban a través del transporte colectivo capitalino, hacia y desde la Estación

Central, nutrían el movimiento que esa zona tenia a toda hora del día, con llegadas y

salidas de los trenes tanto a localidades próximas como a las grandes distancias.

Vendedores ambulantes, y comercios de toda esa zona de influencia eran beneficiados

por lo dicho anteriormente.

El viajar en Ferrocarril (” el tren”), tenia un encanto muy especial, ya en el preámbulo , cuando íbamos por los andenes ( calles laterales que acompañaban dentro de la estación linealmente a los vagones para ser abordados cómodamente).

Las ventanillas expendedoras de pasajes, todas en madera lustrada con trabajos de ebanistas de gran calidad, bronces bien brillantes siempre formando un enrejado que separaba a el expendedor de el viajero.

Todo esto funcionaba en aquel salón enorme excelentemente iluminado, con sus pisos bien brillantes, controlado por funcionarios uniformados con sus gorras características de Viseras brillantes, y los distintivos botones de bronce lustrados que prendidos a sus solapas como a sus gorras, les daban una gran prestancia.

Los boletos, eran muy particulares, pequeños de un cartón bastante grueso impresos en tinta bien visible, en donde se destacaba la localidad, la marca de IDA O VUELTA, la fecha que quedaba impresa por la presión que le daba el cajero a una pequeña maquinilla negra con una manija a tales efectos.

A poco de estar por abordar el tren, se producía en todo el ámbito como un Cocktail mezcla de murmullo de gente, silbatos de los funcionarios en los andenes, sonido de las máquinas con sus motores ya templados como para partir, los carros que transportaban los equipajes, y a todo esto, las infaltables corridas de algunos rezagados que nerviosamente iban presurosos por temor de perder su tren.

Era realmente un viaje placentero, elegido y disfrutado tanto por niños porque no dejaba de ser una gran aventura, como por personas mayores, porque les permitía desplazarse de vagón a vagón, se podía hacer uso de los baños, y en uno de los vagones , funcionaba de forma precaria, una posibilidad de conseguir agua caliente para el mate, como también algunos “refuerzos” de pan porteño.

En su pasaje a ser administrado por el Estado, a través de los años, determinó gradualmente la desaparición de ésta modalidad tan importante de transporte. La falta de mantenimiento en las vías, la desidia de gran parte del personal, la no – reposición de maquinarias de avanzada, y fundamentalmente administraciones deshonestas, abusos y falta de controles, dejaron a el Uruguay sin éste maravilloso servicio, que en todo el mundo, significó y significa uno de los principales medios de transporte, elegido por los usuarios.

Va a ser muy difícil poder ver reactivado este servicio, pero, apoyado en los recuerdos , aún no pierdo las esperanzas de sentir sus silbatos, de ver las barreras bajas y el tráfico esperando para pasar, y una Estación Central con aquel cócktail de murmullos y ruidos de trenes que hoy explicaba.

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