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La sirenita del culito verde

A la sirenita del culito verde
que llega de pronto y de pronto se va;
que salta y se ríe, que nada y se pierde,
¿quién la seguirá?

A la sirenita del verde culito
que asoma su rostro mojado y bonito
y luego se esfuma fundida en el mar,
¿quién la encontrará?

Si viene rompiendo la espuma y las olas,
si tiene dos colas,
si bulle y rebulle
y, al fin , se zambulle
y no la ves ya,
¿quién la alcanzará?

Si tiene reflejos de nácar su frente
y lleva corona de oro y coral
pero es elusiva, fugaz, transparente,
¿quién la pescará?

Así está jugando y nadie la toca:
cuando más te acercas está más allá…
Si tiene dulzores de miel en la boca,
¿quién la besará?

Así es la sirenita del culito verde;
de todos se burla; se esconde y se pierde…

Pero yo la tengo.
Yo, que la encontré
en la mar salada,
no la perderé.

Antes que la pesque cualquier marinero,
cogida en mis brazos, me la llevaré.
Y, antes que la bese cualquier caballero,
yo la besaré.

Dormirá en mi casa. Yo la velaré;
porque ya era mía, hace muchos años,
cuando la soñé;
porque ya era mía, hace siete años,
cuando la besé
de recién nacida por primera vez.

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La brujita que no pudo sacar el carnet

Ángela Figuera Aymerich

Era una brujita
tan boba, tan boba,
que no conseguía
manejar la escoba.
Todos le decían:
-Tienes que aprender
o no podrás nunca
sacar el carnet.

Ahora, bien lo sabes,
ya no hay quien circule,
por tierra o por aire,
sin un requisito
tan indispensable.

Si tú no lo tienes,
no podrás volar!
pues ¡menudas multas
ibas a pagar!
¡Ea! no es difícil.
Todo es practicar:

- Bueno… dijo ella
con resignación.
Agarró la escoba
se salió al balcón,
miró a todos lados
y arrancó el motor…

Pero era tan boba,
que, sin ton ni son,
de puro asustada,
dio un acelerón
y salió lanzada
contra un paredón.
Como no quería
darse un coscorrón,
frenó de repente…
y cayó en picado
dentro de una fuente:
se dio un remojón,
se hirió una rodilla,
sus largas narices
se hicieron papilla
y, como la escoba
salió hecha puré,
pues, la pobrecilla,
además de chata
se quedó de a pie.

Ya no intentó nunca
sacar el carnet.
Se quitó de bruja
y se puso a hacer
labores de aguja.

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Pescadito, aprendíz de valiente

( Beatriz López Puertas )

En lo más profundo del mar vive una familia de besugos formada por Papá Besugo, Mamá Besugo, Benjamín y Pescadito; Benjamín es aún un bebé y apenas si sabe nadar, pero Pescadito ha cumplido ya cuatro años y empezará pronto a ir a la escuela.
- Pescadito – decía mamá besugo – la semana que viene empezarás a ir a la escuela como loslecturas infantiles    cuentos infantiles, cuentos de hadas, fabulas de esopo demás pececitos de tu edad.
- ¡ Pero si yo no necesito ir a la escuela mamá !, aprendo mucho más cuando me voy a nadar con el abuelo.
- Ya sé que aprendes muchas cosas con el abuelo, pero en la clase te enseñarán muchas más y así podrás pronto ser un pez mayor.
Pescadito no parecía estar muy convencido, pero si su mamá se lo había dicho tendría que obedecer.
El lunes siguiente, Mamá Besugo despertó a Pescadito mucho mas temprano que otros días.
- ¿Por qué me despiertas tan pronto? aún no ha salido el sol.
- Ya lo sé, pero hoy es tu primer día de escuela y tienes que ir bien arreglado para que la maestra no piense que eres un pececito descuidado. Después de vestirse, peinarse y tomar un sabroso desayuno, Pescadito se fue a la escuela.
- ¡ Buenos días pequeño ! – saludó la maestra – siéntate ahí junto a la Pequeña Ostra.
La clase había comenzado, Pescadito no prestaba demasiada atención y se dedicaba a hablar con su nueva amiga.
- Yo no necesito estudiar, ya sé todo lo que hay que saber sobre el mar, mi abuelo me lo ha enseñado.
- Entonces … ¿ qué haces aquí ? – preguntó la pequeña Ostra.
- Es que mi mamá me lo ha mandado, pero…… creo que la voy a engañar y mañana en lugar de venir a la escuela iré en busca de aventuras.
- No debes hacer eso, te podrías perder.
- Yo no me pierdo, soy muy listo – dijo Pescadito.
- Y cuando la maestra pase lista y pregunte por ti, ¿ qué le voy a decir ?
- Tu le dices que no sabes nada.
Tal y como había dicho Pescadito, a la mañana siguiente cuando se despidió de su mamá se fue por el camino contrario al de la escuela en busca de aventuras.
Después de nadar un buen rato, el pequeño se sintió cansado y decidió hacer un alto en el camino.

- Descansaré aquí sobre esta Estrella de Mar que está dormida, espero que no le importe.
Pero la Estrella se despertó…..
- ¿ Qué haces aquí, acaso has pensado que soy una cama ?
- Lo siento mucho señora Estrella pero pensé que como estaba dormida no le importaría.
- ¡ Pues claro que me importa ! ¡ vamos, vete de aquí ahora mismo !

La primera parada de Pescadito no había sido muy afortunada, así que decidió intentar descansar en otro lugar.
- Espero encontrar un sitio cómodo donde descansar, tal vez encuentre un Caballito de Mar que me deje sentarme en su lomo….
Pero como el pobre pececito no encontró ningún Caballito de Mar ni ningún otro sitio apropiado para descansar decidió volver a casa.
La vuelta se le estaba haciendo demasiado larga, no recordaba haber nadado tanto, ¿ se habría equivocado de camino ?
- Me parece que me he perdido – se lamentaba Pescadito – eso me pasa por escaparme y desobedecer a mamá, ¿ qué voy a hacer ahora ?
Nuestro pequeño amiguito estaba muy asustado, no sabía volver a casa y por allí no había nadie a quien pedir ayuda. Por fin llegó al final del camino y se encontró con la entrada de una cueva.
- ¿ Qué habrá en esta cueva ?; tal vez sea un túnel.
Pero Pescadito estaba equivocado, no se trataba de un túnel, sino de una verdadera cueva donde habitaban los peores peces del fondo del mar.
- Esto está muy oscuro, pero no importa, no tendré miedo, seguiré nadando hasta llegar al final y encontrar la salida.
- No encontrarás la salida – dijo un enorme pez negro que pasaba por allí – nunca mas podrás salir de aquí.
- ¿ Quién eres ? – preguntó Pescadito un tanto asustado.
- Soy un Bonito Negro, y llevo aquí ya muchos años, un día entré aquí igual que tú, y todavía no he conseguido encontrar la salida.
- Pero podemos dar la vuelta y salir por donde entramos.
- No podrás, la corriente no te deja nadar hasta la salida, una vez que has entrado ya no puedes volver atrás.
- Pero si sigues nadando llegarás a alguna parte……
- Claro que sí, pero no debes llegar nunca, te encontrarías con el palacio del Gran Tiburón.
- ¿ El Gran Tiburón ?
- Sí, vive ahí desde hace mucho tiempo y no permite que se acerque nadie, además a lo largo del camino hay guardianes malvados que intentarán capturarte.
- No me importa – contestó Pescadito – mi abuelo dice que soy muy valiente, y por eso no tendré miedo del Tiburón.
- Como quieras – contestó el Bonito – pero ve con mucho cuidado.
- No te preocupes Bonito, no me pasará nada, y no te marches muy lejos porque cuando encuentre la salida volveré a buscarte.
Pescadito emprendió el camino en busca de la salida convencido de que sería como jugar al escondite, pero según iba nadando, la cueva se iba haciendo más estrecha y oscura.
El pequeño empezó a sentir miedo, y decidió coger un trocito de roca de coral por si acaso necesitaba defenderse. Pasado un buen rato, Pescadito detuvo la marcha.
- ¡ Uf….., estoy muy cansado !, este camino es muy largo; espero llegar a casa antes de cenar para que mamá no se entere de que no he ido a la escuela.
Tan cansado estaba Pescadito que se quedo dormido, pero no le duró mucho el sueño porque fue despertado por unos ruidos muy extraños.
- ¿ Será el Gran Tiburón quien hace esos ruidos…?. Me esconderé por si acaso.
Pero antes de que le diera tiempo a esconderse, fue atacado por un enorme Pulpo.
- ¡ Suéltame ..! – gritaba Pescadito – déjame seguir mi camino.
El Pulpo no hacía caso de los ruegos de Pescadito; era uno de los guardianes del Gran Tiburón y quería impedir que el pececillo siguiera adelante.
Los tentáculos del Pulpo empezaban a ahogar a Pescadito, tenía que intentar hacer algo para salvarse, ¿ pero qué…?. Fue entonces cuando se acordó de la piedra de coral que había cogido. La sacó de su cartera y se la metió al Pulpo en la boca. Éste, como si se hubiera tragado una aceituna, empezó a toser y al quedarse sin fuerzas soltó a Pescadito, que salió nadando a toda velocidad para esconderse entre unos matorrales de algas.
- ¡ Qué susto, casi me ahoga !, menos mal que he conseguido escapar, pero de momento voy a quedarme aquí escondido hasta que se marche el Pulpo.
Pasado un ratito, el pececillo decidió salir de su escondite y continuar la marcha.
- Estoy teniendo mucha suerte, espero no volverme a encontrar con ningún guardián más.
Pero lo que no sabía nuestro amigo es que se estaba acercando al final del camino.
- Allí se ve luz, seguramente es la salida, pero de todas formas andaré con cuidado por si se trata de una trampa.
Poco a poco Pescadito se fue acercando a la luz, y se encontró con un gran trono de cristal en una inmensa sala rodeada de bellos tesoros, pero solo uno de ellos le llamó la atención. ¡ Era la llave del túnel !
- Por fin encontré la salida – exclamó el joven besuguito – ya puedo salir de este horrible lugar.
Sin pensárselo dos veces Pescadito cogió la llave y empezó a nadar hacia la salida, pero cuando casi había llegado, apareció el Gran Tiburón.
El Gran Tiburón.     - ¡Nunca podrás salir de aquí! – dijo el Tiburón.
- ¡Claro que sí! ¡Si he conseguido llegar hasta aquí, lograré salir!
- ¡Nadie ha podido hacerlo hasta ahora!
Pescadito estaba muy asustado, ya no se sentía tan valiente como otras veces. No sabía qué hacer, tan sólo podía intentar escapar, pero cuando lo hizo, el Gran Tiburón le atacó ferozmente hiriéndole en una de sus aletas.
Afortunadamente su amigo, el Bonito Negro, le había seguido, y al ver que el Tiburón le atacaba, se puso a luchar con él hasta que consiguió, dándole un fuerte golpe, enviarle contra unos corales en los que quedó atrapado.
- ¡ Bonito negro…! – decía entre lágrimas Pescadito – me has salvado la vida, muchas gracias.
- Debí enfrentarme con él hace tiempo, pero nunca tuve valor, ahora podremos salir todos de aquí y volver a ser libres.
- Eres muy valiente Bonito, me gustaría ser como tú cuando sea mayor.
- ¡ Pero si tu dices que ya eres mayor !
- Si, pero estaba equivocado; mi mamá tenía razón, debo ir a la escuela como los demás pececitos para aprender muchas cosas que todavía no sé.
Por fin Pescadito se convenció de que debía obedecer a su mamá, y como había decidido ser bueno, le contó a su madre todo lo que le había pasado cuando llegó a casa a la hora de cenar.

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La abuela loca

(María García Borrego)
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Mi abuela está loca. Tiene el pelo largo, teñido de rosa chicle, siempre está inventando canciones y bailando, le da lo mismo que sea una canción de los “Rolling”, de “El Fari” o lo último de los “cuarenta”. Le encantan los ordenadores, que maneja a la perfección. Su buzón de Internet está permanentemente plagado de mensajes de personas de todos los países y de todas las edades, amigos que ha ido encontrando en sus múltiples incursiones por el mundo cibernético. Ella siempre dice que el progreso nos llevará a los jóvenes por el camino de la paz. En este mundo, que nos pintan gris, que nos filman destruido, ella dice que nosotros, los niños del 2000, tenemos en nuestras manos el planeta y no debemos permitir que los adultos nos lo dejen hecho una marranada.
Mi abuela piensa también que los animales son más racionales que los hombres y por ello quiere que miremos al mundo animal y lo imitemos en sus comportamientos, que nos metamos en el mar y nademos como los delfines, que seamos tan leales como los perros, tan independientes como los gatos, que cantemos como los pájaros, que defendamos a nuestros hijos como los leones, que descansemos como los osos cuando estemos cansados y corramos como los conejos cuando tengamos ganas de sentirnos libres, que trabajemos como las hormigas en grupo, que saltemos como los canguros para intentar coger las estrellas, que nos subamos a los árboles y nos colguemos boca abajo como el oso perezoso para así, ver las cosas desde otra perspectiva. Que nos adaptemos a nuestro hábitat y, como además somos inteligentes, que intentemos cambiarlo para poder vivir mejor.
Para ello nos propone reír siempre que estemos contentos para hacer felices a los que nos rodean y llorar a moco tendido cuando tengamos un mal momento, sin ningún complejo, porque las lagrimas te limpian el alma y un alma limpia es el mejor remedio contra la tristeza y el mejor aliado de la paz.
Mi abuela está chiflada se viste con zapatos de suplemento, sus colores preferidos los saca del arco iris y se los pone para alegrar la ciudad, siempre tan sucia y siempre tan oscura. No usa bolsos, prefiere las mochilas que le permiten moverse con libertad mientras pasea por las calles bailando como la niña que aún sigue siendo, mientras tararea alguna cancioncilla de su propia cosecha.
Mi querida abuela me anima para que estudie y para que aprenda todo lo que puedan enseñarme, dice que la sabiduría no se puede imponer, que tiene que adquirirse con el paso de los años, que son los ancianos los que están más cerca de la muerte de los que tenemos que aprender a vivir, porque ellos han conseguido llegar a la vejez y hoy en día llegar a viejo ha dejado de ser el propósito de los mas jóvenes que creemos que es mejor morir antes de tener arrugas, sin darnos cuenta que eso es un síntoma de cobardía y no de rebeldía…
Ojalá algún día pudiera ser como mi abuela.

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Los 3 príncipes y la pluma de la paz

cuentos varios    cuentos infantiles, cuentos de hadas, fabulas de esopoHabía una vez un Rey que tenía tres hijos. Era un Rey muy malo porque tenía planes malvados. Un día un hijo suyo lo descubrió e intentó detenerlo y entonces el Rey mandó que lo introdujeran en un pudridero. Otro hijo fue a rescatar a su hermano pero lo descubrieron, entonces él también fue atrapado. El Rey se sentía angustiado por lo que había hecho con sus hijos y ordenó a sus caballeros que los sacaran.

Los meses pasaron, el Rey enfermó y al poco tiempo falleció. Antes de que esto sucediera, dejó una nota informando a sus hijos, que rey sería aquel que ganara una competencia de valentía. La competencia consistía en luchar contra el Dragón de la Montaña Roja. Los tres hermanos aceptaron el desafío y partieron hacia allá.

El camino era largo y espantoso porque siempre era de noche y nunca se veía el sol. El Dragón de la Montaña Roja era un enorme animal con cuerpo de serpiente, cola de león, patas de caballo y alas de águila. Su cola era un arma terrible. Podía volar y echar fuego por la boca. Al llegar al pie de la montaña los tres hermanos decidieron llevar a cabo el desafío haciéndolo cada uno por su lado. Entonces llegaron a un acuerdo y por sorteo le tocó al hermano menor ir primero a intentarlo.

Cuando el hermano pequeño llegó al pie de la montaña, descubrió que había una entrada secreta, en forma de cueva, que estaba tapada por el boscaje, decidió entrar y lo que vio fue un monstruo fuerte y feo que le atacó sin piedad, pero el apuesto Príncipe se defendió y lo mató con su espada.
Pero cuando el Príncipe se dio la vuelta victorioso y dispuesto a salir de la cueva para contarle a sus hermanos su triunfo un terrible sonido le dejó inmovilizado de terror, un viento helado surgió de su espalda y aunque le dieron ganas de salir corriendo, la curiosidad le venció y volvió su rostro hacia atrás y cual fue su sorpresa, que al girarse, se encontró con un niño. El Príncipe le preguntó cómo había llegado hasta la cueva, y el niño respondió que había sido hechizado por una bruja malvada, encerrándolo en el corazón del monstruo y que al derrotarle había quedado liberado del hechizo y así los dos juntos salieron de la cueva dando saltos de alegría.

Fueron corriendo a contárselo a los otros dos Príncipes, y los cuatro se alegraron mucho de verse. El Príncipe más pequeño le contó a sus hermanos lo que había pasado. Los otros dos hermanos se quedaron muy sorprendidos y le preguntaron al niño: «¡es verdad eso! y ¿por qué te hechizaron?» y el niño contestó: «porque yo era el Príncipe de Francia y quería casarme con la Princesa de Italia». Esas palabras extrañaron a todos y pronto se dieron cuenta de que el niño hablaba con acertijos, por lo que su felicidad no podía ser completa, por eso decidieron enviarlo a su castillo para que descansara y pudiera recuperarse de la terrible experiencia que había vivido.

Cuando los tres Príncipes se quedaron solos se abrazaron y cada uno se marchó por un camino diferente hacia la cima de la Montaña Roja donde vivía el Dragón contra el que tenían que luchar, pero de pronto sopló un viento muy fuerte, el cuál hizo que los tres Príncipes se encontraran con el Dragón, que era más grande que un castillo de un millón de pisos. Los tres se aterrorizaron y se marcharon corriendo. Pero a mitad de camino, los tres Príncipes se dieron la vuelta y demostrando su valentía se dispusieron a luchar contra el Dragón y tras una intensa pelea consiguieron vencerle. Al cabo de unos instantes el Dragón se fue transformando lentamente en un anciano que les dijo que había sido hechizado por un malvado Rey, que a su vez era un temible brujo, y este brujo era el padre de los tres Príncipes.

Entonces los Príncipes al conocer la noticia quedaron decepcionados. La maldad de su padre había quedado sembrada por todo el reino y ellos no querían heredar nada que estuviese relacionado con el Rey (su padre). Renunciaron al reino y disfrazándose de simples campesinos emprendieron camino hacia un lejano lugar.

Viajaron hasta llegar a una tierra desconocida lejos de la maldad de su padre. Los tres hermanos sufrieron mucho pues estaban acostumbrados a la vida lujosa del palacio y el campo era algo muy diferente. Por días enteros, sufrieron hambres y miserias hasta que un día su suerte cambió, encontraron un Ave Fénix que les dijo que si rozaban a cada niño que naciera con una de sus plumas, lograrían encontrar la paz que tanto ansiaban. Entusiasmados con la idea los tres hermanos celebraron su dicha dándose abrazos y emitiendo pequeños gritos. El menor de los Príncipes tomó la pluma que el Fénix le ofrecía. Al tocarla una sensación cálida nació en la punta de sus dedos, la cual le protegió del frío. Sus hermanos le imitaron y juntos partieron rumbo a la aventura. Pero al cabo de un rato, un cuervo les robó la pluma y se la llevó a la montaña donde habitaba, un alejado lugar donde moraban pájaros gigantescos, animales tan antiguos como el principio de la Tierra. El cuervo escondió la pluma en su nido, donde sus crías esperaban desde hacía tiempo el calor suficiente para salir de su cáscara y la pluma se lo proporcionó. Cuando nacieron fue inevitable que rozaran la pluma del Ave Fénix, lo que provocó en los Príncipes un gran desasosiego, ya que las crías del cuervo eran tan malas como él, pero sucedió que cuando las crías del cuervo rozaron la pluma murieron todas porque la pluma del Ave Fénix podía vencer la maldad.

Pero todas no eran crías de cuervo; también había en el nido un huevo de paloma y con el calor que le proporcionó la pluma nació una preciosa y blanca paloma, símbolo de la paz, que ayudaría a los Príncipes a llevar en el pico la pluma del Ave Fénix por todas partes del mundo, rozando con ella a todos los niños recién nacidos. Así se fue extendiendo la paz por la tierra que, poco a poco, se fue transformando en un lugar lleno de paz, armonía y felicidad. Y así los tres príncipes volvieron a su reino dónde vivieron los tres, juntos, felices y contentos. Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado.

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La gaviota y el cuervo

Una gaviota encerrada en una jaula se jactaba del gran número de crías que había incubado. Un cuervo que la oyó, le dijo:

–Mi buena amiga, deja esa jactancia intempestiva. Entre más grande el número de tu familia, mayor será tu pena, en vista de que más de los tuyos permanecerán encerrados en esta casa de prisión.–

Si no hemos previsto las consecuencias de nuestros actos, no nos vanagloriemos de ellos.

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