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Cuentos de hadas, fabulas de esopo para niños y Cuentos fantasticos!

Yorinda y Yoringel

Hubo una vez un viejo castillo en medio de un grande y denso bosque, y en él sólo vivía un viejo hombre que era un brujo. Durante el día él se convertía en un gato o en un búho gritón, pero al anochecer tomaba de nuevo su forma humana. Él atraía hacia sí bestias y pájaros, para luego matarlos y hervirlos o asarlos.

Si alguien se acercaba a cien pasos del castillo, se quedaba paralizado donde estaba, y no podía moverse hasta que él le permitiera moverse. Pero en cualquier momento que una inocente doncella pasaba dicho círculo, la transformaba en un pájaro, y la metía en una jaula y la llevaba a un salón del castillo. Ahí tenía cerca de siete mil jaulas de exóticos pájaros.

Ahora bien, había una vez una doncella llamada Yorinda, que era más hermosa que las demás muchachas. Ella tenía un joven pretendiente llamado Yoringel, con quien se había comprometido en matrimonio. Ellos estaban en los días previos a los esponsales, y su mayor ilusión era estar juntos. Un día, con el fin de poder conversar en quietud, salieron a caminar por el bosque.

-”Ten cuidado”- dijo Yoringel, -”recuerda que no debes de llegar muy cerca del castillo.”-
Era un bello atardecer, el sol brillaba entre los árboles, contrastando con la espesura del bosque, y las palomas daban sus melancólicos cantos sobre las jóvenes ramas de los árboles de abedul.

De pronto y sin saber por qué, Yorinda empezó a llorar y se sentó a la luz del atardecer muy triste. Y Yoringel también se puso triste, y se sentían tan mal como si estuvieran a punto de morir, o presintiendo algo extraño. Entonces miraron alrededor y se dieron cuenta de que se habían perdido, pues no sabían por cual camino emprender el regreso a casa. El sol estaba aún terminando de ponerse.

Yoringel miró entre los arbustos, y vio las viejas paredes del castillo al alcance de sus manos. Se horrorizó y se llenó de un temor de muerte. Yorinda estaba cantando:
-”Mi pequeño pajarito, con lacito rojo,
canta triste, triste, triste,
canta que pronto la gaviota morirá,
canta triste, tris…, cuu, cuu, cuu…

Yoringel miró a Yorinda. Ya se había convertido en ruiseñor, y cantaba:
-”cuu, cuu, cuu…”-
Un bullicioso búho con ojos saltones voló tres veces sobre ella, y tres veces gritó:
-”Bu-uh, bu-uh, bu-uh”-
Yoringel no se podía mover, estaba tieso como una piedra, y no podía ni llorar ni hablar, ni mover manos o pies.

El sol ya se había puesto. El búho voló entre los arbustos, e inmediatamente se posó en el suelo y tomó la forma humana de un viejo hombre pálido y jorobado, con grandes ojos rojos y nariz tan puntiaguda que le llegaba hasta la barbilla. Él murmuró algo para sí mismo, cogió al ruiseñor y se lo llevó en sus manos.

Yoringel no pudo decir nada, ni moverse de su sitio. El ruiseñor ya no estaba. Al rato el hombre volvió y dijo con una voz profunda:
-”Te saludo Zachiel. Si la luna brilla en la jaula, Zachiel, suéltalo de una vez.”-

Entonces Yoringel quedó libre. Él se arrodilló ante el hombre y le rogó que le devolviera a Yorinda, pero le contestó que nunca la volvería a tener de nuevo, y se retiró. El gritó, lloró, se lamentó, pero todo en vano.

-”¿Ay, qué irá a ser de mí?”- se dijo.
Yoringel se fue de allí, hasta que llegó a una desconocida villa, donde se quedó cuidando ovejas por largo tiempo. A menudo rondaba alrededor del castillo, pero sin acercarse demasiado. Una noche por fin soñó que se encontraba una flor roja que tenía al centro un bella y grande perla, y que él tomaba la flor e iba al castillo, y que todo lo que tocaba con la flor quedaba libre de hechizos, y además soñó que por ese medio recobraba a Yorinda.

En la mañana, cuando despertó, él comenzó a buscar por valles y colinas a ver si podía encontrar a esa flor. Y buscó hasta el noveno día, y entonces, temprano por la mañana, encontró la flor roja. En el centro tenía una gran gota de rocío, tan grande como la más fina perla.
Por días y noches él se encaminó hacia el castillo. Y cuando estuvo a cien pasos, esta vez no quedó paralizado, y caminó hasta la puerta.

Yoringel se sintió lleno de dicha. Tocó la puerta con la flor, y se le abrió. Entró y avanzó por los salones, buscando el sonido de los pájaros. Por fin los escuchó. Y se dirigió en esa dirección hasta llegar al lugar apropiado. Allí estaba el brujo alimentando a los pájaros en las siete mil jaulas.

Cuando vio a Yoringel se enojó, se enojó muchísimo, y lo maldecía y le lanzaba veneno y hiel, pero no se le pudo acercar siquiera a dos pasos de él. Yoringel no le prestó mayor atención, sino que se fue a mirar a las jaulas con los pájaros, pero había cientos de ruiseñores. ¿Y cómo haría entonces para encontrar a Yorinda?

Estaba justo en eso cuando vio al brujo retirarse silenciosamente con una jaula con un ruiseñor en ella, y que se dirigía hacia la puerta.
Rápidamente se fue tras él hasta alcanzarlo, tocó la jaula con su flor y también al viejo hombre. Éste ya no pudo embrujar a nadie más, y Yorinda tomó inmediatamente su forma original, lanzándose a los brazos de Yoringel llena de felicidad.

No está de más decir, que la feliz boda se llevó a cabo, con siete mil damas de honor. Y el viejo brujo tuvo que resignarse a seguir viviendo de bayas y raíces en el bosque por el resto de sus días.

Enseñanza:
La perseverancia lleva al éxito.

Cuento del libro “Cuentos de hadas de los hermanos Grimm”
de Jacob y Whilhelm Grimm

Hermano y hermana

Un hermano tomo de la mano a su hermana y le dijo:
-”Desde que nuestra madre murió no hemos tenido felicidad. Nuestra tutora nos golpea a diario, y si nos acercamos a ella, nos patea con sus pies. Nuestras comidas es el pan viejo que sobró días antes, y el perrito que se sienta bajo la mesa lo pasa mejor que nosotros, pues a menudo le tira una buena porción.

Que el Cielo tenga piedad de nosotros. ¡Si sólo lo supiera nuestra madre! Ven hermana, tomemos esta canasta con algunas frutas y vamos a recorrer el ancho mundo”-
Caminaron todo el día por verdes campos y praderas, y lugares pedregosos, y cuando empezó a llover la hermana dijo:
-”El Cielo y nuestros corazones están llorando juntos.”-

Al anochecer llegaron a un gran bosque, y estaban tan cansados por la tristeza, el hambre y la larga caminata que se acurrucaron en un hueco y se durmieron.
Cuando al día siguiente despertaron, ya el sol estaba en lo alto, y brillaba caliente entre los árboles. Entonces el hermano dijo:
-”Hermana, tengo sed, si llego a encontrar alguna pequeña naciente, iré y tomaré agua. Me parece escuchar una corriendo cerca.”-
El hermano se levantó y tomando a su hermana por la mano, salieron a buscar la naciente.
Pero la malvada tutora era una hechicera, y notó que los jóvenes se habían ido, y los siguió sigilosamente, como lo hacen las hechiceras, y embrujó a todas las nacientes del bosque.
Ahora que ellos habían encontrado una naciente brillante y salpicante sobre las piedras, el hermano iba a beber agua de ella, pero la hermana oyó un murmullo en la corriente que decía:
-”¡Quien beba de mí, se convertirá en tigre, quien beba de mí, se convertirá en tigre!”-
Entonces ella gritó:
-”¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te convertirás en una bestia salvaje y me harías trizas.”-
El hermano no bebió, aunque estaba muy sediento, pero dijo:
-”Esperaré por el próximo arroyo.”-
Cuando llegaron al siguiente arroyo, la hermana oyó al arroyo que también decía:
-”¡Quien beba de mí, se volverá lobo, quien beba de mí, se volverá lobo!”-
Entonces la hermana gritó:
-”¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te volverás lobo y me devorarás!”-
El hermano no bebió, pero dijo:
-”Esperaré una vez más hasta el próximo arroyo, pero entonces beberé, no importa lo que digas, ya que mi sed es muy grande.”-
Y cuando llegaron al tercer arroyo, la hermana escuchó su susurro que decía:
-”¡Quien beba de mí, se convertirá en corso, quien beba de mí, se convertirá en corso!”-
Entonces ella gritó:
-”¡Te lo ruego querido hermano, no bebas, o te convertirás en corso y me abandonarás!”-
Pero el hermano se arrodilló de una vez sobre el arroyo, y apenas había empezado a tomar un sorbo del agua, cuando se convirtió allí mismo en un joven corso.
Y ahora la hermana lloró sobre su pobre hermano embrujado, y el pequeño animal lloró también, y se sentó junto a ella. Pero al fin la joven dijo:
-”¡Quédate tranquilo querido corsito, yo nunca, nunca te dejaré!”-
Ella se soltó su prendedor de oro y lo puso en una suave cuerda, lo anudó muy bien y se lo colocó al corso alrededor del cuello. Con eso ella se mantuvo unida con el pequeño animal y lo dirigía, y se adentraron más profundamente en el bosque.
Y cuando ya habían caminado un largo trecho, llegaron a una pequeña casa, y la joven se asomó. Estaba vacía y ella pensó:
-”Podemos quedarnos aquí y vivir.”-
Entonces ella buscó hojas y musgo para hacer una cama para el corso, y cada mañana salía y conseguía raíces y bayas para ella misma, y pasto tierno para el corso, quien comía de su mano, y muy contento jugueteaba a su alrededor. Al anochecer, cuando la hermana estaba cansada, y después de decir sus oraciones, ella posaba su cabeza sobre el lomo del corso como si fuera almohada, y se dormía suavemente allí. Y si solamente su hermano tuviera la forma humana, todo sería una vida feliz .
Siguieron así solos por un tiempo dentro de la foresta. Pero sucedió que un día el rey organizó una gran cacería en el bosque. Entonces el sonido de las cornetas, el ladrido de los perros, y los alegres gritos de los cazadores, se propagaban entre los árboles, y el corso los escuchó, y se puso muy ansioso por estar allá.
-”¡Oh!”- le dijo a la hermana, -”déjame ir a la cacería, no me aguanto las ganas de estar allí.”-
Y tanto le rogó que al fin accedió.
-”Pero”- le dijo ella, -”vuelve al anochecer. Yo cerraré la puerta por miedo a los rudos cazadores, así que tocas la puerta y dices, “Hermana, déjame entrar.” y así sabré que eres tú. Y si no dices eso, no abriré la puerta.”-

Entonces el joven corso salió rápidamente, saltando de alegría de estar al aire libre.
El rey y los cazadores vieron al bello corso, y se fueron tras de él, pero no lo pudieron alcanzar, y en los momentos que creían que ya lo tenían, él saltaba veloz entre los arbustos y no podía ser visto. Cuando ya anocheció, él corrió hacia la casita, tocó y dijo:
-”Hermana mía, déjame entrar.”-
Entonces la puerta fue abierta para él, y de un salto se tiró en la suave cama y descansó toda la noche.
Al siguiente día la cacería empezó de nuevo, y cuando el corso escuchó de nuevo el bullicio de las trompetas, y el ¡jo! ¡jo! de los cazadores, se inquietó, y dijo:
-”Hermana, déjame salir, debo irme.”-
Su hermana abrió la puerta y dijo:
-”Recuerda que debes regresar al anochecer y decir tu palabra secreta.”-
Cuando el rey y sus cazadores vieron de nuevo al joven corso con el prendedor de oro, todos lo persiguieron, pero él era demasiado rápido y ágil para ellos. Así pasó todo el día, pero al final de la tarde los cazadores lo cercaron, y uno de ellos le hirió levemente una pata, de manera que corría y saltaba despacio. Entonces un cazador lo siguió hasta llegar al refugio, y oyó cómo él decía:
-”Hermana, déjame entrar.”-

Y vio cómo la puerta se le abría, y se cerraba en cuanto entraba. El cazador tomó nota de todo aquello, y fue donde el rey y le dijo lo que había visto y oído. Entonces el rey dijo:
-”Mañana cazaremos una vez más.”-
La hermana, sin embargo, se puso terriblemente asustada cuando vio que su cervatillo estaba herido. Ella le lavó la sangre y le puso hierbas sobre la herida, y le dijo:
-”Vete a la cama, querido corso, que te pondrás bien de nuevo.”-

Pero la herida era tan simple que el corso, a la mañana siguiente, ya no sentía molestia alguna.
Y cuando de nuevo oyó el ruido afuera, dijo:
-”No aguanto más, debo ir allá, ellos no me alcanzarán tan fácilmente.”-
La hermana gritó y dijo:
-”¡Esta vez te matarán, y yo estoy aquí sola en el bosque olvidada por todo el mundo. No te dejaré salir!”-
-”Entonces me verás morir de tristeza.”- contestó el corso, -”Cuando yo oigo el sonar de las trompetas siento como si tuviera que salirme de mi piel.”-

Entonces la hermana no pudo hacer otra cosa y le abrió la puerta con el corazón muy dolido, y el corso, lleno de salud y dicha, se internó en el bosque.
Cuando el rey lo vio, dijo a los cazadores:
-”Ahora persíganlo por todo el día hasta que llegue la noche, pero tengan cuidado de no hacerle ningún daño.”-
Tan pronto como se puso el sol, el rey dijo a los cazadores:
-”Ahora vamos y muéstrenme el refugio que está en el bosque.”-
Y cuando estuvo frente a la puerta, la tocó y dijo:
-”Querida hermana, déjame entrar.”-

Entonces la puerta se abrió, y el rey ingresó, y allí encontró la doncella más adorable que él hubiera visto jamás. La joven se atemorizó cuando en vez de ver al cervatillo, vioa un hombre que llevaba una corona de oro sobre su cabeza. Pero el rey la miró amablemente, le extendió su mano y dijo:

-”¿Vendrías a mi palacio y serías mi amada esposa?”-
-”¡Sí, claro!”- respondió la doncella, -”Pero el cervatillo debe ir conmigo, no puedo abandonarlo.”-
-”Estará contigo toda la vida, y nada le faltará.” dijo el rey.
Justo en ese momento llegó corriendo el corso, y la hermana lo ató de nuevo con la cuerda, la tomó en sus manos, y salió con el rey alejándose del refugio.

El rey montó a la adorable doncella en su caballo y la llevó a su palacio, donde luego la boda se celebró con gran pompa. Ahora ella era la reina, y vivieron por un largo tiempo juntos, y el corso era atendido y acariciado, y corría en los jardines del palacio.

Pero la malvada tutora, quien fuera la causante de la salida de los jóvenes hacia el mundo, creyó todo el tiempo que la hermana había sido despedazada por las fieras salvajes del bosque, y que el hermano convertido en corso, había sido tirado por los cazadores. Ahora, cuando supo que ellos eran muy felices, y que estaban muy bien, la envidia y el odio se levantaron en su corazón y no tenía paz, y no pensaba en nada más que en cómo llevarlos a la mala situación de nuevo. La propia hija de la tutora, que era horrible como una noche tormentosa, y que sólo tenía un ojo, le dijo quejándose:
-”¡Una reina! Esa debía ser mi suerte”-
-”Tranquilízate”- contestó la vieja mujer, confortándola -”cuando llegue el momento, yo estaré lista.”-

Corriendo el tiempo, la reina tuvo un precioso niño, y sucedió que ese día el rey andaba de cacería, así que la vieja hechicera tomó la forma de la criada de la habitación, llegó al cuarto donde la reina reposaba y le dijo:
-”Venga, el baño está listo, le hará mucho bien, y le dará nuevas fuerzas.  Dese prisa antes de que se enfríe.”-
Su fea hija estaba por ahí cerca, y llevaron al cuarto de  baño a la débil reina, y la pusieron en el baño. Entonces cerraron la puerta y corrieron. Pero en el baño ellas habían hecho un fuego tan mortal que la joven reina quedó pronto sofocada.

Una vez hecho eso, la vieja mujer tomó a su hija, le puso una gorra de noche en su cabeza, y la acostó en la cama en lugar de la reina. Le dio la forma y apariencia de la reina, solamente que no pudo reponerle el ojo faltante. Pero para que el rey no se diera cuenta esa noche, la acostó del lado en que no tenía ojo.

Al atardecer, cuando llegó el rey y supo que tenían un hijo, se sintió muy halagado, y fue a la cama de su amada esposa para ver cómo se encontraba. Pero la vieja mujer disfrazada como la criada, rápidamente exclamó:

-”Por la vida de ella, deje las cortinas cerradas. La reina no debe ver la luz todavía, y debe reposar.”-
El rey se fue, y no notó que una falsa reina estaba en la cama.
Pero a medianoche cuando todos dormían, la enfermera, que estaba sentada en la enfermería  cerca de la cuna, y quien era la única persona despierta, vio abrirse la puerta y entrar a la verdadera reina. La reina sacó al niño fuera de la cuna, lo puso en sus brazos y lo amamantó. Luego sacudió la almohadilla, acostó al niño y lo cubrió con la cobijita. Tampoco había olvidado al corso, y fue al rincón donde dormía, y le acarició la espalda. Entonces ella salió silenciosamente por la puerta de nuevo. A la mañana siguiente la enfermera preguntó a los guardas si alguien había venido al palacio durante la noche, pero ellos contestaron:

-”No, no hemos visto a nadie.”-
Ella llegó así muchas noches, y nunca decía una palabra. La enfermera siempre la veía, pero no se atrevía a contárselo a nadie. Pasado un tiempo de esa forma, la verdadera reina comenzó a hablar cuando llegaba en la noche y decía:
-”¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
Dos veces más vendré, luego nunca más.”-
La enfermera no contestó, pero cuando la reina salió, ella fue donde el rey y le contó todo. El rey dijo:
-”¡Oh Dios! ¿Qué es todo esto? Mañana en la noche yo vigilaré al niño.”-

Al anochecer él entró a la enfermería, y a medianoche la reina apareció de nuevo y dijo:
-”¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
Una vez más vendré, luego nunca más.”-
Y ella amamantó al niño, lo que siempre hacía antes de desaparecer. El rey no se atrevió a hablarle, pero también a la siguiente noche él vigiló. Entonces ella dijo:
-”¿Qué será de mi niño, qué será de mi cervatillo?
Esta vez vine, pero ya nunca más.”-
Entonces el rey no pudo retenerse y de un salto se adelantó hacia ella y dijo:
-”Tú no puedes ser nadie más que mi amada esposa.”-
Ella contestó:
-”Sí, yo soy tu amada esposa.”-
Y en ese mismo momento ella volvió a la vida, y por la gracia de Dios se puso lozana, fresca, de piel rosada y llena de salud.
Entonces le contó al rey de las malvadas acciones que contra ella hicieron la hechicera mujer y su hija, de lo cual serían las culpables. El rey ordenó que ambas fueran llevadas a la justicia, y un juicio se celebró contra ellas. Las dos fueron exhorcitadas para eliminarles sus brujerías y condenadas a trabajos forzados por el resto de sus vidas. Inmediatamente el corso cambió a su forma humana, y entonces la hermana y el hermano vivieron felices en palacio por todas sus vidas.
Enseñanza:
La buena hermandad genera fortaleza.

El señor Korbes

Hubo una vez un gallo y una gallina que decidieron hacer una gira juntos. Así, el gallo construyó un hermoso carruaje, con cuatro ruedas rojas, y con herrajes para ser jalado por cuatro ratones. La gallina y el gallo se montaron y empezaron el recorrido. No muy lejos encontraron un gato que les dijo:
-”¿Hacia dónde van?”-
-”Vamos a la casa del señor Korbes.”- replicó el gallo.
-”Llévenme con ustedes.”- dijo el gato.
El gallo contestó:
-”Con mucho gusto, súbete atrás, no vaya a ser que te caigas yendo adelante. Ten cuidado de no ensuciar las rueditas rojas. Y ustedes, rueditas, avancen, y ustedes ratoncitos, arranquen, pues seguimos en la ruta hacia la casa del señor Korbes.”-
Luego subió a una piedra de molino, a un huevo, a un pato, a un perno, y por último a una aguja, quienes todos se acomodaron en el carrito, y siguió la ruta junto con ellos. Cuando llegaron a la casa del señor Korbes, el  señor no estaba ahí.
Los ratones llevaron el carruaje al establo, la gallina y el gallo se subieron sobre una valla. El gato se sentó en el suelo junto al fogón, el pato se acomodó junto al grifo de agua. El huevo rodó hacia una toalla, el perno se subió al almohadón de una silla, la aguja se fue a la cama y se colocó al centro de una almohada, y la piedra de moler se posó encima de la puerta.
Entonces llegó el señor Korbes y se dirigió al fogón. Estaba a punto de encenderlo, cuando el gato le tiró una cantidad de cenizas en la cara. El señor Korbes corrió apurado a la cocina para lavarse, pero el pato le salpicó agua en la cara. Quiso secarse con la toalla, pero el huevo rodó hacia él, se quebró y le engomó los ojos. Pensó mejor en descansar y se sentó en la silla, pero el perno lo maltrató al sentarse. Y todo enojado, se lanzó a la cama. Pero apenas puso su cabeza en la almohada, la aguja lo punzó, por lo que gritó adolorido, y todo rabioso y desesperado quiso salir corriendo hacia el ancho mundo, pero al pasar por la puerta de la casa, la piedra de molino cayó sobre su cabeza, dejándolo muerto.
Pobre señor Korbes, debe haber sido un hombre de muy mala suerte.
Enseñanza:
Antes de hacer algún movimiento, es prudente observar antes cómo está todo alrededor.

Elsie, la lista

Había una vez un matrimonio que tenía una hija a la que llamaban “Elsie la Lista”. Y cuando ella creció y fue una muchacha, su padre dijo a su esposa:
-”Tenemos que casar a Elsie.”-
-”Sí”- dijo la madre, -”si viniera alguien y la quisiera tomar.”-
Al tiempo un hombre llamado Hans vino de lejos y la pidió, pero estipuló que Elsie realmente debería ser lista..
-”¡Oh sí!”- dijo el padre, -”ella es bien capaz.”-

Y la madre agregó:
-”¡Uh!, ella puede ver el viento viniendo por las calles, y oír a las moscas tosiendo.”-
-”Bien”- dijo Hans, “-”si no es realmente lista, no la tendré.”-
Cuando todos se sentaron a cenar y habían comido, la madre dijo:
-”Elsie, ve al sótano y trae algo de cerveza.”-
Entonces Elsie tomó el pichel de la pared, y bajó al sótano golpeando la tapa del pichel para que el tiempo no pareciera ser muy largo. Una vez abajo alcanzó una silla, y la colocó junto al barril de cerveza de modo que no tuviera que agacharse, para no maltratarse la espalda o hacerse alguna herida inesperada. Tomó el recipiente, levantó su tapa, y mientras la cerveza corría, no dejaba sus ojos quietos, sino que miraba por las paredes, y de estar viendo aquí y allá, vio una  piqueta exactamente encima de ella, que los albañiles habían dejado olvidada accidentalmente allí.
Entonces Elsie comenzó a llorar, y a decir:
-”Si yo acepto a Hans, y tenemos un niño, y él se hace grande, y lo enviamos al sótano a traer cerveza, entonces la piqueta le caerá sobre su cabeza y lo matará.”-
Ella se sentó y lloró amargamente, gritando con todas sus fuerzas por la desdicha que se presentaba ante ella.
Los de arriba esperaban por la cerveza, pero Elsie la Lista no aparecía. Entonces la mujer dijo a su sirvienta:
-”¡Baja al sótano y mira en dónde está Elsie.!”-
La criada bajó y la encontró sentada frente al barril, llorando fuertemente.
-”¿Elsie, por qué lloras así?”-
-”Pero, ¿no tengo acaso razón para llorar así? Si me caso con Hans, y tenemos un niño, y él crece grande, y tiene que venir a traer cerveza aquí, quizás la piqueta caerá sobre su cabeza y lo matará.”-

Entonces la criada dijo:
-”¡Que Elsie más lista tenemos aquí!”- y se sentó a su lado a llorar fuertemente por esa desdicha.
Al cabo de un rato, como la criada no regresaba y los de arriba estaban sedientos por la cerveza, el señor le dijo al hijo:
-”Sólo ve al sótano y averigua que pasó con Elsie y la criada.”-
El muchacho bajó y allí encontró sentadas y llorando juntas a Elsie y la muchacha.

Entonces preguntó:
-”¿Por qué están llorando?”-
-”Ah”- dijo Elsie, -”Pero, ¿no tengo acaso razón para llorar? Si me caso con Hans, y tenemos un niño, y él crece grande, y tiene que venir a traer cerveza aquí, quizás la piqueta caerá sobre su cabeza y lo matará.”-
Entonces el muchacho dijo:
-”¡Que Elsie más lista tenemos aquí!”- y se sentó a su lado a lamentarse fuertemente como las otras por esa desdicha.
Arriba esperaban al muchacho, pero no regresaba. El hombre dijo a la esposa:
-”Solamente anda abajo y ve dónde está Elsie.”-

La mujer bajó, y encontró a los tres en medio de sus lamentaciones, y queriendo saber de la causa de todo aquello, Elsie le contó que su futuro niño iba a ser muerto por la piqueta cuando creciera y bajara a llevar cerveza, y la piqueta le cayera sobre la cabeza.

Entonces en igual forma la madre dijo:
-”¡Que Elsie más lista tenemos aquí!”- y se sentó a su lado a llorar junto con los demás.
El padre esperó un pequeño tiempo, pero su esposa no regresaba y su sed crecía y crecía, y dijo:
-”Tendré que ir yo mismo al sótano a ver que pasó con Elsie.”-
Pero cuando bajó, todos estaban juntos llorando, y oyó la razón de que el niño de Elsie era la causa, ya que quizás Elsie traiga uno al mundo algún día, y que podría ser muerto por la piqueta, si sucediera que estando sentado debajo de ella por llevar la cerveza, en ese preciso momento la piqueta se desprendiera y lo mate. Entonces él gritó:

-”¡Que Elsie más lista tenemos aquí!”- y también se sentó a su lado a llorar junto con los demás.
El novio se quedó solo arriba por tamaño rato, y como nadie regresaba pensó:
-”Seguro deben estar esperándome allá abajo, debo bajar también y saber qué es lo que ocurre.”-
Cuando llegó abajo, los cinco anteriores estaban sentados llorando y lamentándose piadosamente, cada uno con más ímpetu que el otro.

-”¿Qué desgracia ha sucedido aquí?”- preguntó.
-”Ay, querido Hans”- dijo Elsie, -”si nos casáramos y tuviéramos un niño, y se hace grande, y quizás lo enviamos aquí por unas cervezas, entonces la piqueta que está allá arriba puede desprenderse y caerle encima rompiéndole su cerebro y matándolo. ¿No es eso suficiente razón para lamentarnos?”-

-”Ven”- dijo Hans, -”más claro que eso no es necesario para mi hogar, y como eres tan lista, Elsie, te aceptaré.”- y le tomó de la mano, fueron arriba, y la desposó.
Pasado un tiempo después, él le dijo:
-”Elsie, voy a salir a trabajar afuera y ganar algún dinero para nosotros. Ve tú al campo y corta el maíz para que podamos tener algún pan.”-

-”Sí, querido Hans. Así lo haré”-
Una vez marchado Hans, ella se alistó algún buen alimento y lo llevó al campo con ella. Cuando llegó al campo pensó para sí misma:
-”¿Qué hago ahora, recolecto o como primero? Bueno, comeré primero.”-
Entonces ella terminó con su bolso de comida, y sintiéndose completamente satisfecha, se dijo:

-”¿Qué hago ahora, recolecto o duermo una siesta? Bien, dormiré una siesta.”-
Entonces se acostó entre el maizal y se dejó dormir. Hans había llegado hacía rato a casa, pero Elsie no aparecía. Entonces dijo:
-”¡Qué Elsie más lista tengo. Es tan industriosa que ni siquiera regresa para almorzar.”-
Sin embargo, cuando ya se acercaba el anochecer y ella no llegaba, Hans fue a ver cuánto había cortado. Pero no había cortado nada, y la encontró dormida entre el maizal. Entonces Hans fue rápido a la casa y trajo una red de cacería con pequeños cascabeles y se la colgó a su alrededor, y ella siguió durmiendo. Entonces corrió a la casa, cerró la puerta, y se sentó en su silla a trabajar. Al tiempo, cuando ya estaba oscuro, Elsie la Lista despertó, y cuando se levantó, escuchó un tintineo a todo su alrededor, y las campanillas sonaban a cada paso que daba. Entonces se alarmó y empezó a poner en duda si ella era Elsie la Lista o no, y dijo:

-”¿Seré yo o no seré yo?”-
Pero ella no sabía que contestar a eso, y estuvo un tiempo en duda. Al rato ella pensó:
-”Iré a casa y preguntaré si soy yo o no soy yo, de seguro allá sabrán.”-
Ella corrió a la puerta de su propia casa, pero estaba cerrada. Entonces tocó a la ventana y gritó:

-”¿Hans, está Elsie contigo?”-
-”¡Sí”- contestó Hans,  -”ella está conmigo.”-
Eso la aterrorizó, y dijo:
-”¡Oh, cielos! Entonces no soy yo.”-
Y siguió de puerta en puerta, pero cuando la gente oía las campanillas no abrían, y no pudo entrar a ningún lugar. Entonces corrió fuera de la villa, y desde entonces nadie volvió a saber de ella.

Enseñanza:
Nunca hay que lamentarse de desgracias que no han ocurrido, ni abandonar los deberes.

Rúmpeles-Tíjeles

Había una vez un molinero que era muy pobre, pero tenía una buena hija. Un día sucedió que tuvo que  ir a hablar con el rey, y para presentarse como persona importante le dijo:
-”Tengo una hija que cuando hila el lino, lo convierte en oro.”-
El rey dijo al molinero:
-”Ese es un arte que me complace mucho. Si tu hija es tan ingeniosa como dices, tráela mañana a mi palacio, y entonces veré eso que hace.”-
Y cuando llegaron al palacio, el rey llevó a la muchacha a un cuarto que estaba lleno de lino, le dio una rueda de hilar y un carrete, y le dijo:
-”Ahora ponte a trabajar, y si para mañana temprano no has hilado y convertido este lino en oro, te castigaré.”-
Enseguida él cerró con llave el cuarto y la dejó sola. Allí, ella se sentó, y no sabía qué hacer. No tenía idea de como hilar y transformar el lino en oro. Y se acongojó tanto, y se sintió tan miserable que se puso a llorar.
Pero de pronto la puerta se abrió, y entró un pequeño hombrecillo, que dijo:
-”Buenos días, señorita molinera, ¿por qué lloras así?”-
-”¡Ay!”- contestó la muchacha, -”tengo que hilar lino y convertirlo en oro, y yo no sé cómo hacer eso.”-
-”¿Qué me darías si yo lo hago por ti?”- preguntó el enano.
-”Mi lazo de gargantilla.”- dijo la joven.
El hombrecito tomo el lazo, se sentó al frente de la rueda, y “roar..” “roar..” “roar…”, tres vueltas y el carrete se llenó. Entonces puso otro, y “roar..” “roar..” “roar…”, tres vueltas y el segundo carrete se llenó. Y así siguió hasta la mañana siguiente, cuando todo el lino quedó hilado y los carretes llenos de oro. Apenas empezada la mañana llegó el rey, y al ver el oro quedó embelesado y asombrado, pero únicamente su corazón se volvió más avaro. Y llevó a la hija del molinero a otra habitación aún más grande, y le ordenó hilar todo aquello en una noche si quería evitar el castigo. La muchacha no sabía como se salvaría, y empezó a llorar, cuando la puerta se abrió de nuevo y el hombrecito apareció y le dijo:
-”¿Qué me darías si yo te hilo y convierto en oro todo ese lino?”-
-”El anillo de mi dedo”- respondió ella.
El enano tomó el anillo y empezó a girar la rueda, y al amanecer ya tenía todo el lino hilado y convertido en brillante oro.
El rey se regocijó sin medida por lo que veía, pero sintió que aún no tenía suficiente oro, y llevó a la doncella a una aún más grande habitación llena también de lino, y le dijo:
-”Tienes que trabajar esto también en el transcurso de la  noche, y si tienes éxito, te haré mi esposa.”-
-”No me importa que sea hija de un molinero”- pensó él, -”no podría encontrar una esposa con mayor riqueza en el mundo entero.”-
Cuando la joven quedó sola, el enano entró de nuevo por tercera vez, y dijo:
-”¿Qué me darás si te realizo el trabajo esta vez también?”-
-”Ya no me queda nada que pudiera darte.”- contestó la muchacha.
-”Entonces prométeme que si llegas a ser la reina, me darás a tu  primer hijo.”- dijo él.
-”¡Quién sabe para que eso pueda suceder!”- pensó ella.
No teniendo otra opción para salir de este problema, le prometió al duende lo que pidió, y entonces una vez más él hiló y convirtió el lino en oro.
Y cuando el rey llegó en la mañana, y encontró todo finalizado tal como lo pidió, la tomó en matrimonio, y la buena hija del molinero llegó a ser la reina.
Un año después, ella tuvo un hermoso niño, y jamás volvió a recordar duende. Pero súbitamente éste entro al dormitorio y dijo:
-”Ahora dame lo prometido.”
La reina se horrorizó, y le ofreció al enano todas las riquezas del reino si la dejaba con el niño. Pero el duende dijo:
-”No, algo que es viviente es más apreciado por mí que todos los tesoros del mundo.”-
Entonces la reina empezó a llorar y gritar tan amargamente que el duende se compadeció.
-”Bien, te daré tres días de tiempo”- dijo él, -”si para ese tiempo averiguas mi nombre, podrás quedarte con el niño.”-
Así, la reina pasó toda la noche pensando en todos los nombres que ella hubiera oído antes, y envió un mensajero por todo el reino para preguntar, a lo ancho y largo, por todos los nombres que hubiera.

Cuando al día siguiente llegó el duende, ella empezó a mencionar “Melchor”, “Gaspar”, “Baltazar” y todos los demás que ella había aprendido, uno tras otro. Pero a cada ocasión el hombrecito respondía:
-”Ése no es mi nombre.”-
En el segundo día ella había preguntado en la vecindad por los nombres de las personas de allí, y ella le repetía al duende los más curiosos y desconocidos nombres.
-”Quizás tu nombre sea “Mecacorto”, o “Ríoazul”, o “Estrellablanca”.”-
Pero él siempre respondía:
-”Ése no es mi nombre.”-
Al tercer día regresó el mensajero que había enviado y éste dijo:
-”No me ha sido posible encontrar un nuevo nombre, pero cuando subí a una alta montaña al final del bosque, donde la zorra y la liebre se dicen entre sí “buenas noches”, ví una pequeña casa, y al frente de la casa había un fuego encendido, y dando vueltas alrededor del fuego un ridículo hombrecito que brincando en un pie, cantaba:
-”Hoy horneo, mañana fermento,
y al siguiente el niño de la reina mío será.
¡Já! Gustoso estoy que nunca sabrá
que Rúmpeles-Tíjeles será su tormento.”
¡Ya te puedes imaginar lo contenta que se puso la reina cuando escuchó el nombre! Y cuando poco después el hombrecito entró, y preguntó:
-”¿Ahora señora reina, cuál es mi nombre?”-
De primero ella preguntó:
-”¿Será tu nombre Conrad?”-
-”No.”-
-”¿Es Pedro?”-
-”No.”-
-”¡Entonces podría ser Rúmpeles-Tíjeles!”- gritó con entusiasmo.
-”¡Fue el diablo quien te lo dijo!¡Fue el diablo quien te lo dijo!”- gritaba el duende.
Y en su enojo zapateó tan duro en la tierra que la pierna derecha entera se le hundió, y entonces de rabia se apoyó tan fuerte en la pierna izquierda que él mismo se partió en dos, desapareciendo al instante para siempre.
Enseñanza:
No se debe prometer lo que no se querrá cumplir.

El lobo y las 7 cabritas

Había una vez una vieja cabra que tenía siete cabritas, y las amaba con todo el amor que una buena madre puede tener por sus hijos. Un día ella quiso ir al bosque y conseguir algún alimento. Así que llamó a las siete y les dijo:
-”Queridas hijas, tengo que ir al bosque, estén en guardia contra el lobo, si él llega a entrar, las devorará – piel, pelo y todo -. El malvado por lo general se disfraza, pero ustedes lo reconocerán enseguida por su gruesa voz y sus negras patas.”-
Las cabritas dijeron:
-”Querida mamá, tendremos cuidado de nosotras mismas, puedes salir sin ninguna ansiedad.”
Entonces la vieja cabra baló, y partió a su camino con la mente tranquila.
No había transcurrido mucho tiempo cuando alguien tocó a la puerta de la casa y llamó:
-”Abran la puerta queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído de regreso algo para cada una de ustedes.”-
Pero las pequeñas cabritas sabían que era el lobo por su gruesa voz,
-”No abriremos la puerta.”- gritaron ellas. -”No eres nuestra madre. Ella tiene voz suave y placentera, en cambio tu voz es ronca, ¡Tú eres el lobo!”-
Entonces el lobo se retiró y fue a una tienda y se compró una gran masa de tiza, se la comió y con eso se le suavizó la voz. Y regresó donde las cabritas, tocó a la puerta y gritó:
-”Abran la puerta queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído de regreso algo para cada una de ustedes.”-
Pero el lobo había arrecostado sus patas contra la ventana, y las cabritas las vieron y gritaron:
-”No abriremos la puerta, nuestra madre no tiene patas negras como las tuyas. ¡Tú eres el lobo!”-
Entonces el lobo fue donde un panadero y le dijo:
-”Me he herido los pies, ponme un poco de masa sobre ellos.”-
Y cuando el panadero hubo cubierto sus pies, corrió donde el molinero y dijo:
-”Rocíame un poco de harina sobre mis pies.”-
El molinero pensó para sí mismo:
-”Este lobo piensa engañar a alguien.”- y se negó.
Pero el lobo dijo:
-”Si no lo haces, te devoraré.”-

Entonces el molinero se asustó, y le emblanqueció las patas.
Así el malvado fue por tercera vez a la puerta de la casa, tocó y dijo:
-”Abran la puerta queridas hijas, su madre está aquí, y ha traído del bosque algo para cada una de ustedes.”-
Las cabritas gritaron:
-”Primero muéstranos tus patas para saber si eres nuestra querida madrecita.”-
Entonces él puso sus patas en la ventana, y cuando vieron que eran blancas, creyeron que todo lo que dijo era cierto y abrieron la puerta. ¡Pero ¿quien entró?, si no el malvado lobo! Ella se aterrorizaron y buscaron a esconderse. Una salto bajo la mesa, la segunda se metió dentro de la cama, la tercera dentro de la estufa, la cuarta en la cocina, la quinta en el armario, la sexta bajo el fregadero, y la séptima dentro de la caja del reloj de péndulo.
Pero el lobo las encontró, y sin ninguna ceremonia, una a una se las fue tragando. La más joven, que estaba dentro de la caja del reloj, fue a la única que no encontró.
Cuando el lobo quedó satisfecho con su apetito, salió, y se arrecostó bajo un árbol en el prado verde, y se quedó dormido. Poco después llegó la vieja cabra a casa de nuevo. ¡Oh, qué panorama el que ella encontró! La puerta de la casa permanecía abierta. La mesa, las sillas y bancas todas tiradas por el suelo, el fregadero quebrado en pedazos, los edredones y las almohadas quitadas de las camas. Ella buscó a sus cabritas, pero no encontró a ninguna. Las llamó una a una por su nombre, pero nadie contestaba. Al final cuando llamó a la más joven, una vocecita gritó:
-”¡Mamita querida, estoy en la caja del reloj!”-
Ella sacó a la cabrita y ésta le contó que había venido el lobo y devoró a las otras. Entonces puedes imaginarte cuánto lloró por sus pobres hijitas.
Soportando su dolor salió afuera, y la cabrita salió con ella. Cuando llegaron al prado, allí yacía el lobo bajo el árbol, y roncaba tan fuerte que hasta las ramas se movían. Ella lo miró por todo lado, y observó que algo se movía y saltaba en su abultado estómago.
-”¡Oh cielos!”- dijo ella, ¿Sería posible que mis pobres hijitas, que se las tragó el lobo para su cena, estuvieran aún con vida?”-
Entonces la cabrita menor corrió a casa y trajo tijeras, una aguja e hilo, y la vieja cabra le abrió el estómago al lobo, y cuando dificultosamente había hecho el primer corte, una de las cabritas asomó su cabeza, y cuando el corte fue aumentado, todas las seis saltaron hacia afuera, vivitas, y sin heridas, pues el malvado, en su ansiedad, se las había tragado enteras. ¡Cuánta felicidad hubo!

Abrazaron a su querida madre, y saltaban como un marinero en su boda. La madre sin embargo dijo:
-”Ahora vayan por algunas piedras grandes, y le llenaremos a la malvada bestia el estómago con ellas, mientras sigue dormido.”-
Entonces las siete cabritas le trajeron rápidamente las piedras, y pusieron tantas como pudieron dentro del estómago, y la madre lo cosió de nuevo a la mayor velocidad, de modo que él no se diera cuenta de nada y no notara ningún cambio.
Cuando al fin el lobo despertó, se paró en sus patas, y las piedras en su estómago lo hicieron sentir sed, y quiso ir al pozo a beber. Pero cuando empezó a caminar y moverse, las piedras en su estómago pegaban unas con otras y sonaban. Entonces gritó:
-”¿Qué tumba y retumba
dentro de mi pobre panza?
Yo pensé que eran seis cabritas,
pero no son sino piedras en danza.”-
Cuando llegó al pozo se paró a la orilla, y cuando justo se agachó a beber, las pesadas piedras lo hicieron caer adentro. No tuvo ayuda alguna y se ahogó miserablemente.
Cuando las siete cabritas vieron aquello, llegaron corriendo al sitio y gritaron en voz alta:
-”¡El lobo ha muerto! ¡El lobo ha muerto!”-
Y danzaron llenas de regocijo alrededor del pozo junto con su madre.

Enseñanza:
Siempre es lo mejor obedecer las instrucciones de los padres.
Nunca se deben comunicar al enemigo los secretos de las defensas.

El diablo con los 3 pelos de oro

Había una vez una pobre mujer que dio a luz a un pequeño niño, y como el niño nació con una membrana sobre su cabeza, le predijeron que en su decimocuarto año él tendría a la hija del rey por esposa. Sucedió que poco después el rey bajó a la villa, y nadie sabía que era el rey, y cuando preguntó a la gente que noticias nuevas había, contestaban:
-”Acaba de nacer un niño con una membrana en su cabeza, y quien quiera que nazca con eso tendrá muy buena suerte. Y le han profetizado, también, que cuando cumpla sus catorce años, obtendrá a la hija del rey por esposa.”-
El rey, quien tenía un duro corazón, se enojó con lo de la profecía, fue donde los padres de la creatura, y aparentando gran amistad dijo:
-”Ustedes, pobre gente, permítanme tener a su niño y yo cuidaré de él.”-
Al principio ellos rechazaron la oferta, pero cuando el extraño les ofreció una gran cantidad de oro, pensaron:
-”Es un niño con suerte, y cualquier suceso siempre se tornará a su favor.”-
Y al fin consintieron y le dieron al niño.
El rey lo puso en una cesta y viajó con él hasta llegar a un profundo río. Entonces tiró el cesto al agua y pensó:
-”He librado a mi hija de su inesperado pretendiente.”-
Sin embargo el cesto no se hundió, y flotó como un bote, y ni una gota de agua entró en él. Y navegó como dos leguas más abajo hasta llegar a un molino donde entró en una de las tomas de agua del molino. Un joven que trabajaba en el molino, que por casualidad estaba por ahí en ese momento, lo vio, y con un gancho lo jaló y lo sacó del agua, pensando que contenía un gran tesoro, pero cuando lo abrió encontró al precioso niño adentro vivito y contento. Se lo llevó entonces al molinero y su esposa, y como ellos no tenían niños se complacieron y dijeron:
-”Dios nos lo ha enviado -”
Y ellos cuidaron adecuadamente al niño, quien creció lleno de cariño.
Sucedió que años mas tarde, en una gira del rey, éste llegó al molino, y le preguntó al molinero y su esposa si ese alto joven era su hijo.
-”No”- contestaron, -”Él fue encontrado. Hace catorce años él flotaba sobre las aguas del río en un cesto y llegó al molino. Mi ayudante lo jaló y sacó del agua.
Entonces el rey supo que ese no era ni más ni menos que el niño con suerte que él había tirado al agua, y dijo:
-”Mi buena gente, ¿no podría ese muchacho llevarle una carta a la reina, y yo le pagaré con dos piezas de oro?”-
-”Cómo mande el rey.”- contestaron ellos, y le dijeron al joven que se alistara.
El rey escribió una carta a la reina, en la que decía:
-”Tan pronto como este muchacho llegue con la carta, mátenlo y entiérrenlo. Todo debe estar cumplido antes de que yo regrese.”-
El muchacho partió con la carta, pero perdió el camino, y al anochecer llegó a un gran bosque. En la oscuridad él vio una pequeña luz, y avanzó hacia ella hasta llegar a un rancho. Él entró, y vio a una vieja mujer que estaba sentada sola junto al fogón. Cuando ella vio al joven, dijo:
-”¿De dónde vienes, y hacia dónde te diriges?”-
-”Vengo del molino”- contestó, -”y deseo llegar donde la reina, para quien le llevo una carta, pero he perdido el camino en esta foresta y agradecería poder quedarme aquí la noche.”-
-”¡Oh pobre muchacho!”- dijo la mujer, -”has llegado a una cueva de ladrones, y cuando vengan, de seguro te matarán.”-
-”Deja que vengan”- dijo el joven, -”no estoy asustado, pero estoy tan cansado que no puedo avanzar más.”- y se acomodó sobre una banca y se quedó dormido.
Muy pronto llegaron los ladrones, y molestos preguntaron quien era ese extraño muchacho durmiendo allí.
-”¡Ah!”- dijo la vieja mujer, -”es un inocente muchacho que se perdió en el bosque, y por piedad lo dejé entrar. Él debe de llevar una carta a la reina”-
Los ladrones abrieron la carta y la leyeron, y en ella decía que en cuanto el joven llegara debía ser muerto. Entonces los duros ladrones sintieron lástima, y su líder la rompió y escribió otra diciendo que tan pronto el muchacho llegara, debía ser casado al instante con la hija del rey. Y lo dejaron dormir tranquilamente hasta la siguiente mañana. Y cuando despertó le dieron la carta, y le indicaron el camino correcto.
La reina, cuando recibió la carta y la leyó, hizo lo que estaba escrito en ella, y preparó una espléndida fiesta de boda, y la hija del rey fue casada con el joven de la suerte, y como el joven era apuesto y colaborador, ella vivió con él felizmente.
Tiempo después el rey retornó de su gira a palacio y vio que la profecía se había cumplido, y que el joven de la suerte se había casado con su hija.
-”¿Cómo habrá sucedido eso?”- dijo él, -”Yo di otras instrucciones en mi carta”-
Así pues que la reina le entregó la carta, y le dijo que podía ver personalmente lo que en ella estaba escrito. El rey examinó la carta y vio muy bien que había sido cambiada por la otra. Él le preguntó al joven que qué había sido de la carta que él le confió, y que por qué había traído otra en su lugar.
-”No sé nada de ello”- contestó, -”pudo haber sido cambiada en la noche, cuando dormí en la foresta.”-
El rey dijo molesto:
-”No vas a tener todo tranquilamente a tu manera, quien se casa con mi hija debe traerme del infierno tres pelos de oro de la cabeza del diablo. Dame lo que te pido, y podrás continuar con mi hija.”-
De este modo esperaba el rey deshacerse del muchacho para siempre. Pero el chico de la suerte contestó:
-”Conseguiré los pelos de oro, no le temo al diablo”- y se alejó de ellos para comenzar su gira.
El camino lo llevó a un gran pueblo, donde el guardián de las puertas le preguntó a que venía y que conocimientos tenía.
-”Yo sé de todo”- contestó el joven.
-”Entonces puedes hacernos un favor”- dijo el guardián, -”si nos puedes decir por qué nuestra fuente del mercado, que una vez fluía vino, se ha secado, y desde entonces ni siquiera nos da agua.”-
-”Ya lo sabrán”- contestó, -”sólo esperen a mi regreso.”-
Y siguió su camino y llegó a otra ciudad, y allí también el guardián de las puertas le preguntó a qué venía y qué sabía.
-”Sé de todo”- contestó.
-”Entonces podrás hacernos un favor y decirnos ¿por qué un árbol en nuestro pueblo, que una vez daba manzanas de oro, ahora ni siquiera echa hojas?”-
-”Ya lo sabrán”- contestó, -”sólo esperen a mi regreso”-
Entonces prosiguió y llegó a un ancho río que debía atravesar. El botero le preguntó a qué venía y qué sabía él.
-”Sé de todo”- contestó.
-”Entonces podrás hacerme un favor”- dijo el botero, -”dime ¿por qué debo estar siempre yendo y viniendo y nunca quedar libre de esta labor?”-
-”Ya lo sabrás”- contestó, -”sólo espera a mi regreso”-
Cuando había cruzado el río encontró la entrada al infierno. Era negra y llena de hollín, y el diablo no se encontraba en casa, pero la abuela estaba sentada en una gran mecedora.

-”¿Qué es lo que quieres?”- le preguntó.
Pero ella no parecía ser malvada.
-”Me gustaría tener tres pelos de oro de la cabeza del diablo”- le contestó. -”De lo contrario no podría conservar a mi esposa.”-
-”Eso es un buen trabajo para solicitar.”- dijo ella, -”Si el diablo llega y te encuentra, te costará la vida, pero como te tengo piedad, veré si te puedo ayudar.”-
Ella lo convirtió en hormiga y dijo:
-”Métete entre los dobleces de mi vestido, allí estarás seguro.”-
-”Sí”- contestó él, -”hasta ahora todo bien. Pero hay tres cosas además que debo de saber: ¿por qué una fuente que una vez fluía vino se ha secado, y ahora ni siquiera echa agua; por qué un árbol que una vez daba manzanas de oro, ahora ni siquiera da hojas; y por qué un botero debe de estar siempre yendo y viniendo, y nunca queda libre?
-”Esas son preguntas difíciles”- contestó ella, -”pero solamente quédate en silencio y quieto y pon atención a lo que diga el diablo cuando yo le arranque los tres pelos de oro.”-
Cuando llegó el anochecer, el diablo regresó. No más había entrado cuando notó un cambio en el aire.
-”Me huele a carne humana”- dijo él, -”algo no está bien aquí.”-
Entonces él revisó cada rincón, y buscó y buscó, pero no encontró nada. Su abuela lo increpó:
-”Acabo de terminar de barrer y puse todo en orden, y ya estás desordenando todo otra vez; tú siempre tienes carne humana en tu nariz. Siéntate y come tu cena.”-
Cuando ya hubo cenado y bebido, se sintió cansado, y reposó su cabeza en el regazo de su abuela, y al poco rato quedó profundamente dormido, roncando y respirando hondo. Entonces la vieja mujer agarró un pelo de oro, lo jaló y lo puso abajo cerca de ella.
-”¡Ay!”- gritó el diablo, -”¿Qué estás haciendo?”-
-”He tenido un mal sueño”- contestó la abuela, -”por eso me sostuve de tu pelo.”-
-”¿Y cómo era el sueño?”- dijo el diablo.
-”Soñaba que en una plaza de mercado había una fuente que una vez echaba vino, pero se secó y ahora no echa ni agua. ¿Que podría haber ocurrido?”-
-”¡Ah já! ¡si lo supieran!”- contestó el diablo, -”Hay un enorme sapo sentado sobre una piedra en el pozo. Si lo mataran, el vino regresaría de nuevo.”-
Él se durmió de nuevo, y roncaba que hasta las ventanas vibraban. Entonces ella desprendió el segundo pelo.
-”¡Hey, que estás haciendo!”-, gritó el diablo incómodo.
-”No lo tomes mal.”- dijo ella, -”Lo hacía en un sueño.”-
-”¿Y qué has soñado ahora?- preguntó él.
-”Soñaba que en cierto reino había un manzano que una vez daba manzanas de oro, pero ahora no da ni hojas. ¿Cuál crees que pueda ser la razón?”-
-”¡Oh! ¡si lo supieran!”- contestó el diablo, -”Un ratón está mordiendo la raíz, si lo mataran, tendrían de nuevo manzanas de oro. Pero si sigue mordiendo más tiempo, el árbol entero se moriría. Pero déjame sólo con tus sueños: si me vuelves a molestar en mi dormir te jalaré las orejas.”
La abuela le habló suavemente hasta que de nuevo se durmió y roncó. Entonces ella arrancó el tercer pelo de oro. El diablo saltó, rugió fuertemente, y la hubiera regañado si ella no lo hubiera tranquilizado una vez más diciéndole:
-”¿Quien podría solventar malos sueños?”-
-”¿Cuál fue el sueño, entonces?”- preguntó él, un poco intrigado.
-”Soñaba que había un botero que se quejaba de que siempre tenía que ir de uno al otro lado del río, y nunca podía liberarse. ¿Cuál sería la solución?”-
-”¡Ah, el tontito!”- contestó el diablo, -”cuando alguien llegue y desee cruzar el río, él debe poner los remos en sus manos, y este otro hombre tendrá que seguir haciendo el transporte y él quedará libre.”-
En cuanto la abuela hubo arrancado los tres pelos de oro, y los tres enigmas resueltos, lo dejó tranquilo durmiendo hasta el amanecer.
Cuando el diablo salió de nuevo, la vieja mujer tomó a la hormiga de los pliegues de su vestido, y le dio al joven de la suerte su forma humana de nuevo.
-”Aquí tienes los tres pelos de oro para tí”- dijo ella, -”Supongo que oíste lo que dijo el diablo sobre tus tres preguntas”-
-”¡Sí, claro!”- contestó él, -”sí lo oí, y tendré cuidado de recordarlo.”-
-”Ya tienes lo que querías”- dijo ella, -”y ahora puedes partir.”-
Él le agradeció haberlo ayudado en su necesidad, y dejó el infierno muy contento de que todo salió afortunadamente bien.
Cuando volvió al río, el botero esperaba ansioso la respuesta prometida.
-”Pásame primero”- dijo el joven con suerte, -”y entonces te diré como liberarte.”-
Y cuando llegaron a la orilla contraria, le dijo el consejo del diablo:
-”La próxima vez que venga alguien que desee cruzar el río, solamente ponle los remos en sus manos”-
Siguió adelante hasta el pueblo donde estaba el manzano improductivo, y allí también el guardián esperaba la respuesta. Él le dijo lo que escuchó del diablo:
-”Maten al ratón que está mordiendo su raíz, y de nuevo dará manzanas de oro.”-
Entonces el guardián le agradeció dándole dos burros cargados con oro, que siguieron tras él.
De último llegó al pueblo donde la fuente se había secado. Él le dijo al guardián lo que dijo el diablo:
-”Un gran sapo está en el pozo sobre una piedra. Deben de encontrarlo y matarlo, y el pozo de nuevo fluirá vino en cantidad.”-
El guardián le agradeció, dándole también dos burros cargados de oro.
Al fin el joven de la suerte llegó a casa con su esposa, que estuvo feliz de corazón por verlo de nuevo, y de oír cuan bien había prosperado en todo. Al rey él le llevó lo que había pedido: los tres pelos de oro del diablo, y cuando el rey vio a los cuatro burros cargados con oro se puso muy contento y dijo:
-”Ahora que has cumplido con todas las condiciones, puedes quedarte con mi hija. Pero dime, querido yerno, ¿de dónde sacaste todo ese oro? ¡Es una enorme riqueza!”-
-”Remando, yo atravesé un río”- contestó, -”y allá, en la otra orilla, yacía oro en vez de arena.”-
-”¿Podría yo traer también?”- dijo el rey, muy ansioso por conseguirlo.
-”Tanto como quiera.”- contestó el joven.
-”Hay un botero en el río, pídale que lo pase al otro lado, y podrá llenar sus sacos.”-
El voraz rey salió a toda prisa, y cuando llegó al río le pidió al botero que lo pasara. El botero se acercó y le pidió que subiera. Y cuando llegaron a la otra orilla, le puso los remos en las manos y saltó. Y de ahí en adelante, el rey tuvo que seguir remando, como un castigo a sus pecados.
¿Estará aún ahí de botero? Si lo está, es porque nadie le ha tomado aún los remos.

Enseñanza:
Quien lanza un mal, contra él mismo retorna.

Las Migajas de la Mesa

Un campesino dijo un día a sus mascotas:
-”Vengan al comedor y disfruten, coman de todas las migajas de pan que hay en la mesa. La señora ha salido a cumplir con algunas visitas.”-
Entonces las pequeñas mascotas dijeron:
-”No, no. No iremos. Si la señora lo llega a saber, nos castigará.”-
-”Ella no sabrá nada de esto.”- dijo el campesino. - “Vengan, después de todo ella nunca les da nada bueno.”-
Y los perritos, meneando sus cabecitas, dijeron de nuevo:
-”Nopi, nopi,  no iremos. Dejaremos eso donde está.”-
Pero el campesino no los dejaba en paz, hasta que al fin fueron, subieron a la mesa y comieron todas las migajas que pudieron. Pero en ese momento llegó la señora, y revoloteó un pequeño látigo con gran destreza y los castigó severamente. Cuando salieron sollozando de la casa, los perritos  dijeron al campesino:
-”¡Uh, uh, uh! ¿Viste…?”-
El campesino se rió y dijo:
-”Ji, ji, ji. ¿Y no era eso lo que esperaban…?
Y a ellos no les quedó más que salir corriendo.

Enseñanza:
Cuando se rompe el reglamento, enseguida viene el lamento.